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domingo, 23 de marzo de 2014

1/10 La vida como CAMINO y PEREGRINACIÓN hacia el SANTUARIO definitivo de Dios


Comienzo con la primera de las diez fichas que dedicaré a explicitar la articulación interna de los 12 libros, reunidos en 7 volúmenes, de mi TEOLOGÍA DEL CAMBIO DE ÉPOCA, tal como se visualiza en la Sinopsis diacrónico-sincrónica integradora. Aclaro que las mismas están destinadas a personas con cierta formación teológica que quieran comprender mejor la trabazón arquitectónica de las 2560 páginas que despliegan mi trabajo.
El eje principal de mi obra, que se concentra con mayor relevancia en la TRILOGÍA (7 libros en 3 volúmenes) se funda en la convicción de que la vida puede ser considerada como un camino que, a la luz de la experiencia cristiana, deviene peregrinación hacia el santuario trinitario de Dios. Esto queda plasmado en el Prólogo y el Epílogo, que llevan por nombre "La vida como peregrinación" (escrito a partir de la propia experiencia como peregrino hacia Santiago de Compostela, España) y "Peregrinando al Santuario" (Tril. III, B, inspirado en mi trabajo en el Santuario Basílica Nacional de Luján, Argentina), que recapitula lo más significativo de mi teología, y que fuera prologado por el ahora Papa Francisco, cuando era cardenal de Buenos Aires, cinco meses antes de su elección como Obispo de Roma. Se expresa también de este modo un movimiento histórico de la fe que parte del Viejo Mundo y se desplaza hacia el Nuevo Mundo.
La vida como camino que deviene peregrinación se convierte en un icono sapiencial, que subraya la vertiente prevalentemente personal de la vida humana, y anuda las principales experiencias, vivencias, sentimientos, pensamientos, anhelos y opciones de cada uno de nosotros; mientras que la peregrinación al santuario acentúa comparativamente la vertiente eclesial del pueblo de Dios peregrino, como así también sus nutrientes específicamente teologales: la fe, esperanza y caridad. Más aún, este horizonte último convierte progresivamente, al mismo mundo y por la encarnación del Hijo de Dios, en santuario y morada de Dios, tal como lo destaco en la exégesis bíblico-pastoral de Jesús y la mujer samaritana, que introduce el Epílogo. 
Entre ambos iconos, el sapiencial y el teologal, se despliega "La pastoral de la Iglesia" (Tril. II, B), que presupone la fe de los cristianos (Tril. I, B) ante el cambio de época y en perspectiva profético-escatológica (Tril. II B apénd.). Se asume de este modo, con cierta tensión paradojal, las coordenadas espacio-temporales y el horizonte trascendente de nuestro peregrinar en Dios y hacia Dios.

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