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lunes, 25 de enero de 2021

"Una Iglesia más fraterna y sinodal, discipular misionera". Dialogando con Jorge Eduardo Lozano


En el marco de una historia reciente de la Iglesia en América Latina (en general) y Argentina (en particular), de la cual el flamante Secretario General del CELAM fue testigo privilegiado, y con el horizonte de la 1ª Asamblea Eclesial de América Latina y El Caribe a celebrarse en 11/2021, se aventura un diagnóstico del presente y se disciernen algunos caminos posibles en torno a (1) imagen de Iglesia que tenemos, (2) vida, participación y ministerios de las mujeres, (3) el pueblo de Dios en las casas y en la vida de la sociedad civil, (4) influjo e iniciativas pastorales en el marco de la pandemia, (5) inéditas posibilidades desde la virtualidad, (6) discípulos misioneros desde la originalidad carismática de cada bautizada/o.

lunes, 27 de julio de 2015

Síntesis de la Bula "MISERICORDIAE VULTUS" (Papa Francisco, 11/04/2015)

"1. Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre. El misterio de la fe cristiana parece encontrar su síntesis en esta palabra [...]. 2. Siempre tenemos necesidad de contemplar el misterio de la misericordia. Es fuente de alegría, de serenidad y de paz [...3...], para poder ser también nosotros mismos signo eficaz del obrar del Padre. Es por eso que he anunciado un Jubileo Extraordinario de la Misericordia [...]
"4. [...] 'En nuestro tiempo, la Esposa de Cristo prefiere usar la medicina de la misericordia y no empuñar las armas de la severidad' (san Juan XXIII). [...5...]. ¡Cómo deseo que los años por venir estén impregnados de misericordia para poder ir al encuentro de cada persona llevando la bondad y la ternura de Dios! [...].
"6. 'Paciente y misericordioso' es el binomio que a menudo aparece en el Antiguo Testamento para describir la naturaleza de Dios [...7...]. 'Eterna es su misericordia' [...8]. Con la mirada fija en Jesús y en su rostro misericordioso podemos percibir el amor de la Santísima Trinidad [...]. 'Dios es amor' (1 Jn 4,8.16) [...]. Este amor se ha hecho ahora visible y tangible en toda la vida de Jesús [...]. Lo que movía a Jesús en todas las circunstancias no era sino la misericordia, con la cual leía el corazón de los interlocutores y respondía a sus necesidades más reales [...].
"9. [...] La misericordia no es solo el obrar del Padre, sino que ella se convierte en el criterio para saber quiénes son realmente verdaderos hijos [...]. Dejar caer el rencor, la rabia, la violencia y la venganza son condiciones necesarias para vivir felices [...10...]. La misericordia es la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia. Todo en su acción pastoral deberá estar revestido por la ternura con la que se dirige a los creyentes; nada en su anuncio y en su testimonio hacia el mundo puede carecer de misericordia [...12...]. Es determinante para la Iglesia y para la credibilidad de su anuncio que ella viva y testimonie en primera persona la misericordia [...]. En nuestras parroquias, en las comunidades, en las asociaciones y movimientos, en fin, dondequiera que haya cristianos, cualquiera debería poder encontrar un oasis de misericordia [...].
"14. La peregrinación es un signo peculiar en el Año Santo, porque es imagen del camino que cada persona realiza en su existencia. La vida es una peregrinación y el ser humano es viator, un peregrino que recorre su camino hasta alcanzar la meta anhelada [...].
"15. En este Año Santo, podremos realizar la experiencia de abrir el corazón a cuantos viven en las más contradictorias periferias existenciales [...]. Es mi vivo deseo que el pueblo cristiano reflexione durante el Jubileo sobre las obras de misericordia corporales y espirituales [...]. No olvidemos las palabras de san Juan de la Cruz: 'En el ocaso de nuestras vidas, seremos juzgados por el amor' [...].
"17. La Cuaresma de este Año Jubilar sea vivida con mayor intensidad, como momento fuerte para celebrar y experimentar la misericordia de Dios [...]. El sacramento de la Reconciliación nos permite experimentar en carne propia la grandeza de la misericordia [...]. Nunca me cansaré de insistir en que los confesores sean un verdadero signo de la misericordia del Padre. Ser confesores no se improvisa. Se llega a serlo cuando, ante todo, nos hacemos nosotros mismos penitentes en busca de perdón [...]. Ninguno de nosotros es dueño del Sacramento, sino fiel servidor del perdón de Dios. Cada confesor deberá acoger a los fieles como el padre en la parábola del hijo pródigo [...18...]. Durante la Cuaresma de este Año Santo tengo la intención de enviar los Misioneros de la Misericordia. Serán un signo de la solicitud materna de la Iglesia por el Pueblo de Dios [...], anunciadores de la alegría del perdón [...].
"19. La palabra del perdón pueda llegar a todos y la llamada a experimentar la misericordia no deje a ninguno indiferente [...]. Pienso en modo particular en los hombres y mujeres que pertenecen a algún grupo criminal [...]. La misma llamada llegue también a todas las personas promotoras o cómplices de corrupción [...]. La corrupción es una obstinación en el pecado, que pretende sustituir a Dios con la ilusión del dinero como forma de poder [...]. 
"20. No será inútil en este contexto recordar la relación existente entre justicia y misericordia. No son dos momentos contrastantes entre sí, sino dos dimensiones de una única realidad que se desarrolla progresivamente hasta alcanzar su ápice en la plenitud del amor [...]. Ante la visión de una justicia como mera observancia de la ley que juzga, dividiendo las personas en justos y pecadores, Jesús se inclina en mostrar el gran don de la misericordia que busca a los pecadores para ofrecerles el perdón y la salvación [...21]. La misericordia no es contraria a la justicia sino que expresa el comportamiento de Dios hacia el pecador, ofreciéndole una ulterior posibilidad para examinarse, convertirse y creer [...]. 
"22. En el sacramento de la Reconciliación Dios perdona los pecados, que realmente quedan cancelados; y sin embargo, la huella negativa que los pecados dejan en nuestros comportamientos y en nuestros pensamientos permanece. La misericordia de Dios es incluso más fuerte que esto. Ella se transforma en indulgencia del Padre que a través de la Esposa de Cristo alcanza al pecador perdonado y lo libera de todo residuo, consecuencia del pecado, habilitándolo a obrar con caridad, a crecer en el amor más bien que a recaer en el pecado [...]. Vivir entonces la indulgencia en el Año Santo significa acercarse a la misericordia del Padre con la certeza que su perdón se extiende sobre toda la vida del creyente [...]. 
"24. El pensamiento se dirige ahora a la Madre de la Misericordia. La dulzura de su mirada nos acompañe en este Año Santo, para que todos podamos redescubrir la alegría de la ternura de Dios [...]. Al pie de la cruz, María junto con Juan, el discípulo del amor, es testigo de las palabras de perdón que salen de la boca de Jesús. El perdón supremo ofrecido a quien lo ha crucificado nos muestra hasta dónde puede llegar la misericordia de Dios [...25...]. Desde el corazón de la Trinidad, desde la intimidad más profunda del misterio de Dios, brota y corre sin parar el gran río de la misericordia [...]".

martes, 14 de enero de 2014

[19] EVANGELII GAUDIUM, cap.V: "Evangelizadores con Espíritu"


Con esta ficha concluye el curso virtual "SIGUIENDO LOS PASOS, GESTOS Y ENSEÑANZAS DEL PAPA FRANCISCO": hoy, 12 de diciembre, Fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, patrona de América. Y aquí quisiera compartirles dos pequeñas experiencias. 
1) La exhortación apostólica "EVANGELII GAUDIUM" [=EG], programática del pontificado actual y con la que concluyo este curso, es el documento correspondiente al Sínodo para la Nueva Evangelización, que comenzó el 7 de octubre de 2012. Ese mismo día, el por entonces Cardenal Jorge M. Bergoglio sj, que no participó del Sínodo, prologaba el epílogo de mi Trilogía: "Peregrinando al Santuario" (ver Trilogía, Vol.3: Lectio pastoral y epílogo, pp.421-422), "al regresar de la 38º peregrinación juvenil a Luján". El detalle lo advertí recién hace unos días, pero lo cierto es que en este santuario de Luján es donde he pasado y sigo pasando mis mejores y más felices días de vida pastoral, sobre todo confesando (y bendiciendo) peregrinos.
2) La segunda pequeña experiencia tiene que ver con otro aniversario. Hace exactamente un año, recibía la invitación de Credo Ediciones (Saarbrücken, Alemania) para publicar la Trilogía en torno a la cual fui desarrollando una serie de cursos virtuales gratuitos en este blog. Hasta el momento había dado vuelta 'cielo y tierra' tratando de encontrar una editorial que aceptara publicar mi trabajo sin pagar, e incluso la más segura y con recomendación (¡del ahora Papa!), había fracasado para el librito conclusivo (que entre paréntesis, creo que es lo mejor, más creativo e integrador que llevo escrito). Lo cierto es que haber esperado tanto me permitió pulir y enriquecer más y más el trabajo previo. Acabé publicando no sólo la Trilogía, sino otros cuatro libros, dos de ellos reediciones revisadas, actualizadas y ampliadas, 7 en total, unas 2550 páginas, en el mismo grupo editorial.
3) Las dos pequeñas historias (la petrina y la mariana) se anudan. No solo porque fue en torno a un santuario en donde el referido librito epílogo se gestó y concretó, sino porque el año pasado la fiesta de María de Guadalupe cayó el 12/12/12... Y porque fue también en un santuario mariano latinoamericano donde se acuñó la expresión "discipulado misionero" (Aparecida, 2007) que tanto me inspiró (de hecho, el proyecto de escribir una "Teología del cambio de época" lo fui concretando ese mismo año). Por aquel entonces, el presidente de la comisión redactora había sido el Card. Jorge M. Bergoglio sj, con la estrecha colaboración del ahora Mons. Víctor M. Fernández (Rector de la Pontificia Universidad Católica Argentina, en la que trabajo), único teólogo contemporáneo citado en EG.


*  *  *

"Jesús quiere evangelizadores que anuncien la Buena Noticia no sólo con palabras sino sobre todo con una vida que se ha transfigurado en la presencia de Dios" (EG 259). Para un renovado impulso misionero "no sirven ni las propuestas místicas sin un fuerte compromiso social y misionero, ni los discursos y praxis sociales o pastorales sin una espiritualidad que transforme el corazón" (EG 262). Por eso, "¡cuánto bien nos hace dejar que Él [Jesús] vuelva a tocar nuestra existencia y nos lance a comunicar su vida nueva!" (EG 264). 
"El verdadero misionero, que nunca deja de ser discípulo, sabe que Jesús camina con él, habla con él, respira con él, trabaja con él" (EG 266). Pero "para ser evangelizadores de alma también hace falta desarrollar el gusto espiritual de estar cerca de la vida de la gente [...]. La misión es una pasión por Jesús pero, al mismo tiempo, una pasión por su pueblo" (EG 268). "Jesús quiere que toquemos la miseria humana, que toquemos la carne sufriente de los demás" (EG 270). "Jesucristo no nos quiere príncipes que miran despectivamente, sino hombres y mujeres de pueblo" (EG 271). 
"Un misionero entregado experimenta el gusto de ser un manantial, que desborda y refresca a los demás" (EG 272), sintiendo que "es lindo ser pueblo fiel de Dios" (EG 274). Está convencido que "en medio de la oscuridad siempre comienza a brotar algo nuevo, que tarde o temprano produce un fruto" (EG 276). Tiene la certeza "que Dios puede actuar en cualquier circunstancia, también en medio de aparentes fracasos", y "la seguridad de que no se pierde ninguno de sus trabajos realizados con amor" (EG 279). 
Por último, "no hay mayor libertad que la de dejarse llevar por el Espíritu" (EG 280). Esto supone dar lugar también a la "intercesión [...], porque la contemplación que deja fuera a los demás es un engaño" (EG 281).
María es la Madre de la evangelización, y "sin ella no terminaríamos de comprender el espíritu de la nueva evangelización" (EG 284). "El pueblo lee en esa imagen materna todos los misterios del Evangelio". María es el "icono femenino" de la Iglesia (EG 285), que "a través de las distintas advocaciones [...] comparte las historias de cada pueblo que ha recibido el Evangelio" (EG 286). "'Su excepcional peregrinación en la fe representa un punto de referencia constante para la Iglesia'", sobre todo en la "noche de la fe" (EG 287). 
"Hay un estilo mariano en la actividad misionera de la Iglesia" que es "revolucionario" por la "ternura y el cariño [...]. María sabe reconocer las huellas del Espíritu de Dios en los grandes acontecimientos y también en aquellos que parecen imperceptibles. Es contemplativa del misterio de Dios en el mundo, en la historia y en la vida cotidiana de cada uno y de todos". Es "la que sale para auxiliar a los demás 'sin demora'" (EG 288).
Pueden seguirse estas mismas temáticas en el magisterio previo del Papa en mi libro Francisco, obispo de Roma en el Año de la Fe, pp.27-32 ("La vida y misión de la Iglesia hoy") y pp.73-76 ("La santidad cristiana y María").



Podemos preguntarnos: ¿Vivo la misionariedad con 'pasión'? ¿Se alimenta de la comunión con Jesús y la contemplación diaria vivida en medio del pueblo? ¿Qué lugar ocupa María en mi vida? ¿En qué sentido se convierte para mí en icono de la nueva evangelización?